Tanto las comunidades de Cocapata, como
Anzaldo y Morocomarca han identificado la educación como la herramienta
más eficaz para combatir la pobreza, “la mejor manera de conseguir una
caña, no un pez”. Por eso a quien consideraban que mejor les podía
apoyar para impulsar la educación en sus municipios.
Los Escolapios llevan impulsando escuelas
populares desde que en 1597 San José de Calasanz abriera la primera
escuela gratuita de Europa. Llegaron a Bolivia en 1992 y se hicieron
cargo en primer lugar de la dirección de la escuela de Villa Anzaldo.
En el año 1994 y ante el análisis
comparativo realizado sobre las distancias recorridas por el alumnado
entre sus casas y la escuela, (en la mayoría de los casos se superan las
4 horas a pie, llegando en algunos casos a las 9 horas) se constata la necesidad
de una estructura que garantice el acceso a una educación primaria y
secundaria de calidad a los chicos y chicas que viven más lejos. Por lo que se construye un internado campesino que atienda a niños y niñas de las comunidades del municipio más lejanas.
El internado de Cocapata se inaugura en
el 2005, dos años después de la petición realizada por la comunidad. El
más reciente, en Morocomarca, se inaugura en el 2011, tras más de 8 años
de planificación y búsqueda de apoyos.
Los tres internados se sitúan junto a las
escuelas más grandes y trabajan en total coordinación con ellas. Son
mixtos y acogen a un total de 540 estudiantes. En la práctica suponen la
única posibilidad de estudiar para muchas chicas, cuyas familias no les
permiten estudiar si tienen que recorrer grandes distancias solas.
Hasta ahora se valoran muy positivamente los resultados de este sistema,
se considera que ha permitido aumentar considerablemente los índices de
escolarización femenina.
El criterio principal para la
matriculación en los internados es la vulnerabilidad, ya que los menores
proceden de familias campesinas con serias dificultades económicas,
bajo nivel educativo (el nivel que traen de las pequeñas escuelitas de
las comunidades es muy bajo) y serias necesidades nutricionales. Se da
preferencia a los jóvenes y niñas/os que viven en comunidades más
alejadas o con peores comunicaciones, que coinciden con niveles
económicos más bajos y en algunos casos necesidades educativas
especiales.
Los internados campesinos funcionan
totalmente integrados en la vida comunitaria y salen adelante gracias al
apoyo de sus alcaldías, que afrontan gastos como la electricidad, el
agua el gas, o parte de la alimentación; las familias campesinas, que
aportan producto agrícola pequeño porcentaje económico y los
escolapios, que buscan en distintas fuentes el apoyo económico
restante.

