viernes, 26 de abril de 2013

Internados para 450 Estudiantes - Itaka

Tanto las comunidades de Cocapata, como Anzaldo y Morocomarca han identificado  la educación como la herramienta más eficaz para combatir la pobreza, “la mejor manera de conseguir una caña, no un pez”. Por eso a quien consideraban que mejor les podía apoyar para impulsar la educación en sus municipios.

Los Escolapios llevan impulsando escuelas populares desde que en 1597 San José de Calasanz abriera la primera escuela gratuita de Europa. Llegaron a Bolivia en 1992  y se hicieron cargo en primer lugar de la dirección de la escuela de Villa Anzaldo.

En el año 1994 y ante el análisis comparativo realizado sobre las distancias recorridas por el alumnado entre sus casas y la escuela, (en la mayoría de los casos se superan las 4 horas a pie, llegando en algunos casos a las 9 horas) se constata la necesidad de una estructura que garantice el acceso a una educación primaria y secundaria de calidad a los chicos y chicas que viven más lejos. Por lo que se  construye un internado campesino que atienda a niños y niñas de las comunidades del municipio más lejanas.

El internado de Cocapata se inaugura en el 2005, dos años después de la petición realizada por la comunidad. El más reciente, en Morocomarca, se inaugura en el 2011, tras más de 8 años de planificación y búsqueda de apoyos.

Los tres internados se sitúan junto a las escuelas más grandes y trabajan en total coordinación con ellas. Son mixtos y acogen a un total de 540 estudiantes. En la práctica suponen la única posibilidad de estudiar para muchas chicas, cuyas familias no les permiten estudiar si tienen que recorrer grandes distancias solas. Hasta ahora se valoran muy positivamente los resultados de este sistema, se considera que ha permitido aumentar considerablemente los índices de escolarización femenina.

El criterio  principal para la matriculación en los internados es la vulnerabilidad, ya que los menores proceden de familias campesinas con serias dificultades económicas, bajo nivel educativo (el nivel que traen de las pequeñas escuelitas de las comunidades es muy bajo) y serias necesidades nutricionales. Se da preferencia a los jóvenes y niñas/os que viven en comunidades más alejadas o con peores comunicaciones, que coinciden con niveles económicos más bajos y en algunos casos necesidades educativas especiales.

Los internados campesinos funcionan  totalmente integrados en la vida comunitaria y salen adelante gracias al apoyo de sus alcaldías, que afrontan gastos como la electricidad, el agua el gas, o parte de la alimentación; las familias campesinas, que aportan producto agrícola  pequeño porcentaje económico y los escolapios, que buscan en distintas fuentes el apoyo económico restante. 

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